Tribunal de Cuentas se observa a sí mismo por contrataciones de terapias de autoayuda y recuperación de la autoestima

“No nos quedaba más remedio, el vacío existencial es espantoso”, comentó un ministro del TCR. “Vamos a insistir en el gasto”, afirmó muy nervioso.


Luego de su traumática experiencia con el Mides, en un largo proceso de intercambio de observaciones y desaires por parte de fans de la ministra Marina Arismendi, el Tribunal de Cuentas (TCR) entró en una fase de ahogo existencial.

“Pero con ASSE tocamos fondo”, afirmó un ministro del organismo que no quiso identificarse de ninguna manera, “pasaban los jerarcas-empresarios de los hospitales, nos miraban y se reían a hurtadillas. También elevamos una carta al presidente de la República a ver que nos diga si era bullying o qué, pero nunca le llegó la carta. Creemos que la interceptó la presidente de ASSE Susana Muñiz, porque nos llegaron instrucciones anónimas desubicadas sobre qué hacer con la carta”.

Consultada Muñiz, lo negó. “A mí me robaron un recetario, no quiero acusar, pero se los vió a éstos del TCR muy sobremedicados diciendo tonterías, una vez que se quisieron colar en la inauguración de la empresa del director de un hospital amigo mío de toda la vida, también muy comunista”.

“Fuimos, pero era una trampa. No puedo hablar más. Nos persiguen los comuno-empresarios. Es una elite nueva de la nomenklatura, espontánea y viral en todo hueco que deja el Estado y que te facturan como con metralleta, no sabemos qué esperar de ellos”, relató el ministro antes de trancar la puerta del edificio del TCR, donde esperaban atrincheradas el resto de las autoridades "con la desesperanza de que nadie nos podrá ya salvar", comentó justo antes de entrar, con gesto de penosa desesperación.

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